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The British Industrial Revolution in Global PerspectiveThe British Industrial Revolution in Global Perspective — Robert C. Allen
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The British Industrial Revolution in Global Perspective

Robert C. Allen · 2009

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Por qué la Revolución Industrial empezó en Gran Bretaña y no en China, India o Francia —economías que en distintos momentos tuvieron tecnología, capital o población comparables— es una de las preguntas más discutidas de la historia económica. Robert C. Allen, economista de Oxford, propone en este libro una respuesta cuantitativa y comparada: Gran Bretaña tenía la combinación exacta de salarios altos y carbón barato que volvía rentable, por primera vez en la historia, reemplazar mano de obra por máquinas.

Por qué lo recomienda Paul Graham

Graham ha escrito sobre por qué algunos lugares y momentos concentran de forma desproporcionada la innovación —el ensayo “How to Make Wealth” y su interés por entender qué hace posible a Silicon Valley parten de esa misma pregunta aplicada al presente—. Este libro la responde para el caso histórico fundacional de la industrialización, con un argumento económico riguroso en vez de una narrativa de genios aislados: la innovación no ocurre en el vacío, ocurre cuando los incentivos económicos la vuelven rentable en un lugar y momento específicos.

Nota: no encontramos una cita pública directa de Paul Graham sobre este título; la recomendación surge de relevamientos de sus lecturas de historia económica.

De qué trata

Allen compara datos de salarios y precios de energía entre Gran Bretaña, Francia, India y China durante los siglos XVII y XVIII, y muestra que en Gran Bretaña la mano de obra era relativamente cara y el carbón relativamente barato —una combinación única que hacía rentable inventar máquinas que ahorraran trabajo humano usando energía barata—. En otros lugares, con salarios bajos y energía cara, esas mismas invenciones no se justificaban económicamente, aunque el conocimiento técnico estuviera disponible.

La innovación como respuesta a precios, no solo a genialidad

La tesis central desafía la idea romántica de que la Revolución Industrial fue producto de un puñado de genios británicos particularmente brillantes. Allen argumenta que el ingenio existía en varios lugares del mundo, pero solo en Gran Bretaña los precios relativos hacían que mecanizar la producción tuviera sentido económico. Es una lección aplicable mucho más allá de la historia: la innovación responde a incentivos, no solo a capacidad.

Para quién es

Para lectores de historia económica que quieren una explicación basada en datos —no en anécdotas— de uno de los puntos de inflexión más estudiados de la historia moderna, y para quienes les interesa la economía de la innovación en general.

Por ahora disponible solo en inglés; el enlace lleva a la edición de Cambridge University Press.