Los Imperdibles
La señora DallowayLa señora Dalloway — Virginia Woolf
Ver en Amazon

Enlace de afiliado · precio y disponibilidad en Amazon

También en Kindle

La señora Dalloway

Virginia Woolf · 1925

¿Preferís escucharlo?

Escuchá «La señora Dalloway» gratis con una prueba de Audible.

Probar gratis

Todo pasa en un solo día de junio en Londres: Clarissa Dalloway sale a comprar flores para la fiesta que va a dar esa noche y, mientras camina, su mente viaja libremente entre el presente, los amores que no eligió y la guerra que todavía sangra en la memoria de la ciudad. Con esa premisa mínima, Virginia Woolf escribió una de las novelas que más cambiaron la forma de contar historias en el siglo XX.

Por qué lo recomienda Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa lo reseñó en su libro de ensayos La verdad de las mentiras (1990), sobre las novelas que marcaron su formación como lector y narrador. Para un escritor obsesionado con la construcción técnica de sus propias novelas —los vasos comunicantes, los saltos temporales, la multiplicidad de voces que ensayó en obras como La casa verde—, La señora Dalloway es casi un manual: Woolf demuestra que se puede narrar una vida entera, con todas sus bifurcaciones posibles, sin salir de una sola jornada. Es el tipo de hallazgo formal que Vargas Llosa valoraba tanto como la historia que ese hallazgo permite contar.

De qué trata

Clarissa Dalloway prepara una fiesta. Ese hilo argumental, casi anecdótico, es la excusa de Woolf para entrar y salir de las cabezas de media docena de personajes: el pretendiente que Clarissa rechazó de joven y que vuelve de India, la hija que se le escapa hacia una institutriz religiosa, y sobre todo Septimus Warren Smith, un veterano de la Primera Guerra Mundial que carga un trauma que nadie a su alrededor sabe nombrar. Las vidas de Clarissa y Septimus, que nunca se cruzan, dialogan igual a la distancia: los dos enfrentan, cada uno a su manera, la pregunta de qué significa seguir vivo.

El fluir de la conciencia

Woolf no cuenta lo que sus personajes hacen sino lo que piensan mientras lo hacen, sin comillas ni anuncios, como si el lector pudiera meterse directamente en sus cabezas. Esa técnica —el “stream of consciousness” que ella perfeccionó junto con Joyce— vuelve el tiempo elástico: un minuto de reloj puede ocupar diez páginas si la mente vuelve sobre un recuerdo. Es una forma de narrar que exige otra manera de leer.

Para quién es

Para lectores dispuestos a bajar el ritmo y entrar en un texto que no avanza por peripecias sino por asociaciones mentales. Si te interesa cómo se construye una novela por dentro, o si te gustaron los saltos temporales de Ulises de Joyce, acá vas a encontrar una versión más breve y, para muchos, más accesible del mismo experimento.

Edición en español: La señora Dalloway, Lumen (traducción de Andrés Bosch).