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Buenos días, tristezaBuenos días, tristeza — Françoise Sagan
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Buenos días, tristeza

Françoise Sagan · 1954

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Françoise Sagan tenía apenas dieciocho años cuando escribió Bonjour tristesse en 1954, y el escándalo que generó —una adolescente narrando el deseo, el tedio y la manipulación con una frialdad que nadie esperaba de alguien tan joven— la convirtió de la noche a la mañana en una celebridad literaria. Setenta años después, la novela se sigue leyendo con la misma incomodidad fascinante.

Por qué lo recomienda Pedro Almodóvar

Almodóvar incluyó Buenos días, tristeza entre las seis novelas que recomienda leer al menos una vez en la vida, según una lista reproducida por Diario Uno y El Placer de la Lectura. Sobre el libro dijo: “Era un título precioso para un niño que aún tenía que esperar años para irse de su pueblo. Trataba de la angustia existencial adolescente: aunque la protagonista no estaba exenta de glamour, estaba llena de tedio. Yo tenía solo una bata, pero entendía a la protagonista”. La frase resume bien el motivo: Almodóvar —que construyó buena parte de su cine alrededor de mujeres jóvenes atrapadas entre el deseo y el tedio de sus circunstancias— reconoce en Cécile, la narradora de Sagan, una hermana temprana de sus propias protagonistas.

De qué trata

Cécile, de diecisiete años, pasa el verano en una villa de la Riviera francesa junto a su padre viudo, Raymond, un seductor despreocupado, y la joven amante de turno de él. Cuando Raymond decide casarse con Anne, una mujer inteligente y ordenada que amenaza con poner límites a esa vida sin reglas, Cécile arma un plan para sabotear el compromiso. Lo que empieza como un capricho adolescente termina en una tragedia que Cécile carga, sin demasiado remordimiento, el resto de su vida.

Una moral sin culpa

Lo que todavía incomoda de la novela es la ausencia total de arrepentimiento en la voz narradora: Cécile cuenta lo que hizo con la misma indiferencia elegante con la que describe el sol en la piel. Sagan no juzga a su personaje ni le pide al lector que lo haga; se limita a mostrar el tedio como motor moral, algo que en 1954 resultaba tan escandaloso como su propia juventud al escribirla.

Para quién es

Para lectores que quieran una novela corta, filosa y sin sentimentalismo sobre el egoísmo adolescente. Para quienes disfrutan de narradoras poco confiables y moralmente ambiguas. Y para cualquiera que quiera entender por qué, setenta años después, sigue siendo una de las primeras novelas de formación que se recomiendan como lectura iniciática.

Edición en español: Buenos días, tristeza, Tusquets Editores, colección Fábula.