París era una fiesta
Ernest Hemingway · 1964
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“Si tienes la suerte de haber vivido en París de joven, entonces, vayas donde vayas el resto de tu vida, la ciudad seguirá contigo, porque París es una fiesta que llevas dentro.” Esa frase, apócrifa a medias y absorbida por completo en el imaginario sobre la ciudad, viene de este libro de memorias que Hemingway escribió al final de su vida sobre sus años de pobreza y aprendizaje en el París de los años 20.
Por qué lo recomienda Mario Vargas Llosa
Vargas Llosa reseñó París era una fiesta en La verdad de las mentiras (1990), su repaso de las obras del siglo XX que marcaron su formación como lector y narrador. Aunque el grueso de ese libro está dedicado a la novela, incluyó estas memorias por lo que revelan sobre el oficio: Hemingway, todavía sin fama ni dinero, disciplinándose para escribir cada mañana en un café, leyendo a Chéjov y a Turguénev, discutiendo con Gertrude Stein y observando de cerca el naufragio de Francis Scott Fitzgerald. Para Vargas Llosa, que también vivió su propia temporada de formación como escritor latinoamericano en París, este libro funcionaba como testimonio de una generación entera aprendiendo el mismo oficio en la misma ciudad.
De qué trata
Hemingway reconstruye, ya viejo y en sus últimos años de vida, la época en que vivía en París con su primera esposa, Hadley, sin un peso, escribiendo cuentos que nadie le publicaba todavía. Desfilan Gertrude Stein y su salón de arte moderno, Ezra Pound como mentor generoso, Sylvia Beach y su librería Shakespeare and Company, y sobre todo Francis Scott Fitzgerald, retratado con una mezcla de cariño y crueldad como un talento inmenso arruinado por el alcohol y por Zelda.
Memoria como literatura, no como archivo
Hemingway escribió estas páginas treinta y cinco años después de los hechos que narra, y la distancia se nota: hay nostalgia idealizada, ajustes de cuentas con viejos amigos y escenas que la crítica después discutió como parcialmente inventadas. Publicado póstumamente en 1964, tres años después de su suicidio, el libro funciona menos como registro fiel que como la versión que Hemingway quiso dejar de sí mismo: el joven escritor pobre y feliz antes de la fama que después lo destruyó.
Para quién es
Para quienes aman París, la literatura del “generación perdida” y quieren ver de cerca cómo se forma un escritor. También para lectores de Fitzgerald, que aparece retratado desde otro ángulo.
Edición en español: París era una fiesta, Debolsillo (traducción de Miguel Temprano García).